5 nov 2009

Inteligencia intuitiva


Muchas veces valoramos los conocimientos basados en detallados análisis, pero hay quienes creen que también debemos atender las percepciones rápidas.

Los instintos pueden ser tan precisos como decisiones meditadas. Al menos eso es lo que sostiene el filósofo estadounidense Malcolm Gladwell en su libro (éxito en ventas), Blink, el poder de pensar sin pensar.

El libro, que en español fue traducido como Inteligencia Intuitiva, invita a leer una atractiva mezcla de estudios científicos y experiencias de la vida diaria sobre el poder de percepción y análisis inmediato del cerebro.

Pero quién mejor que su autor para explicar sobre qué es Blink: "es un libro sobre la cognición rápida, sobre el tipo de pensamiento que sucede en un abrir y cerrar de ojos. Cuando te encuentras con alguien por primera vez, o cuando estás yendo a tu casa pensando en las compras que debes hacer, o al leer las primeras frases de un libro, tu mente tarda unos dos segundos para saltar a una serie de conclusiones. Bueno, ‘Blink’ es un libro sobre esos dos segundos, porque creo que las decisiones rápidas que nos llegan son realmente de gran calidad y muy importantes y, en ocasiones, muy buenas".
Un ejemplo. El libro arranca con la historia de una estatua griega llamada “kurós” del siglo VI a.C. que iba a ser comprada por muchos millones de dólares por el museo Getty (en EE.UU.). Éste hizo todos los estudios para confirmar la autenticidad de la pieza y luego concretó la compra. Sin embargo, algunos historiadores del arte no estaban convencidos, argumentaban que "le falta espíritu”. Entonces, en el museo realizaron más estudios, y comprobaron esa gnosis: era una réplica moderna hecha por los mejores falsificadores.

Historias como ésas abundan en el libro y son muy seductoras, llevan a que uno se coma el libro casi en un parpadeo.

En una entrevista al diario argentino La Nación, Malcolm Gladwell indicó que "fuimos criados para sospechar de todo tipo de decisiones rápidas. Siempre pensamos que, con más tiempo y más información, las conclusiones serán más confiables. Esto no siempre es cierto, porque hay una partecita del cerebro que está trabajando todo el tiempo y analizando la situación aun cuando no lo hacemos de forma consciente, y los resultados a los que llega pueden ser perfectamente válidos. Además, más información no necesariamente quiere decir mejor información”.
"A veces la información excesiva, en situaciones críticas, no sólo no ayuda, sino que entorpece el poder centrarse en lo esencial", explicó Gladwell.

Con precaución

Si bien es cierto que siempre tendemos a valorar aquellos conocimientos que se basan en detallados y cuidadosos análisis, a estos pensamientos hay que "tomarlos en serio” ya que “pueden ser realmente buenos o llevarnos por un camino muy errado”, pero en cualquier caso, no hay dudas de que ellos “están jugando un papel” y sería un grave error “descartarlos."

Gladwell, además, explica que “vivimos en un mundo que asume que la calidad de nuestras decisiones está directamente relacionada con el tiempo y el esfuerzo que nos lleva tomarlas. Eso hace que sólo confiemos en nuestras decisiones conscientes”.

El autor de Blink es claro: “sólo hay que aprender a distinguir cuándo debemos y cuándo no debemos confiar en nuestro instinto. Podemos educarnos para ser mejores en las decisiones rápidas”.

Por otra parte, Matthew Smith, profesor asociado de psicología de la Universidad de Liverpool Hope, sostuvo en una entrevista en la BBC que “no siempre hay que confiar en estos instintos, que la pauta de ello lo da el contexto. No es lo mismo utilizarlo al hacer compras o en un ámbito político o económico”.

"Mi opinión es que todo el mundo debería tratar alguna vez de confiar en sus instintos y no rechazar por completo este proceso", indicó el profesor.

¿No hay nada nuevo bajo el sol?

Por su puesto, el libro no fue bien recibido por todos y recibió críticas demoledoras.

"Hay un gran debate sobre si realmente se puede investigar científicamente lo que llamamos procesos anómalos de transferencia de información", sostuvo Matthew Smith, en la BBC; y agregó que “algunos científicos dicen que sí se puede investigar, otros afirman que no es posible".

"Creo que no se trata de poderes extrasensoriales, sino que a veces los seres humanos somos capaces de tomar decisiones guiados por nuestros instintos o ideas intuitivas porque tenemos la capacidad de recoger información del ambiente que nos rodea", expresa el investigador. Y muchas veces no somos consientes de este proceso, así que nos queda esa idea de que contamos con telepatía o sexto sentido. Pero me parece que todo tiene una explicación más convencional ", agregó Smith.
Por otra parte, David Brooks, autor de On paradise drive, asegura que, Gladwell "no explica realmente cuán a menudo ocurren y como instrumento de predicción del comportamiento humano, nada supera la regresión estadística e, incluso, la filosofía”.

Conocer la realidad

¿Qué es la realidad?, ¿se puede conocer? y si se puede, ¿cómo?
Si hay un importante y apasionante debate filosófico - científico, es sin dudas, sobre la naturaleza de la realidad.

Cinco siglos antes de Cristo, Platón con su alegoría de la caverna, ejemplificó que no conocemos la realidad sino las sombras que se reflejan en las paredes de la caverna de la que no salimos. En el siglo XVIII, el filósofo alemán Immanuel Kant sostuvo que sólo podemos conocer a través de modelos de realidad, una representación del mundo real. Bastante tiempo después, Einstein descubrió que el mundo real no coincide siempre con nuestras estructuras mentales. Para Lacan lo que se denomina realidad está teñido de subjetividad y limitado a los medios de observación que el sujeto posee en su época. Desde otra mirada, según Philip Dick la realidad es aquello que cuando dejas de creer en ello, no desaparece.

Lejos de aclararse, a medida que pasa el tiempo el debate y la cuestión están lejos de dilucidarse. ¿qué es la realidad?, ¿se puede y cómo la conocemos?, ¿existe?, ¿se puede alterar?

Hace unos años, se estrenó la película llamada ¿¡Y tú qué sabes!? (en inglés What the Bleep Do We Know!?) sobre este tema: ¿Es posible modificar la realidad material mediante el pensamiento? ¿Dónde está la unión entre la realidad y nuestra mente?, y si está ¿cómo funciona dicho nexo?

A grandes rasgos, la película sostiene que la realidad se reduce a la percepción y que ésta se forma por el efecto combinado de creencias, pensamientos y emociones. A partir de los aportes de diferentes disciplinas como: filosofía, física cuántica, neurología, biología, psiquiatría, medicina y teología, el film plantea que el sujeto es el creador último de lo real y que cuando descubre la relación entre el mundo interno y su entorno, es capaz de alterar la realidad.

Aunque hay una parte de la comunidad científica que asegura que algunos de los conceptos y teorías tratadas allí no están aceptados en su totalidad como ciertos y que, a su vez, algunos aspectos metafísicos están entremezclados con planteos científicos (y la incluyen dentro de la corriente new age llamada Misticismo Cuántico), es muy interesante ver el film. Es un punto de partida para reflexionar.

Que el sujeto juega el papel principal en la construcción de la realidad también fue planteado por la teoría cuántica. De acuerdo a John Wheeler y Wojcieck Zurek, para que el mundo exista es necesario que haya observadores. Por ejemplo, según cuenta la película, la física cuántica da cuenta de las partículas elementales que se desenvuelven de forma misteriosa para la percepción común, ajenas a las leyes de los objetos físicos, lo que da lugar a diferentes interpretaciones. De todas, el cerebro elige una y la significa.

El argumento en la película también se sostiene con los descubrimientos sobre el funcionamiento del cerebro, según muestran es capaz de reaccionar de la misma manera respecto a un objeto real como a otro imaginario, (si una emoción está asociada a este proceso).

Por su parte, además plantea la visión de la neurología, que establece que el cerebro no ofrece un reflejo de la realidad sino una interpretación de señales, símbolos y signos, lo que reduce la realidad a un conjunto de ondas electromagnéticas que se concretan en objetos por interposición de éste.

Una perspectiva muy interesante es la que propone Edgar Morin, filósofo y político francés. Según él, la cuestión es dialéctica. El cerebro se construye en el mundo y y a su vez, reconstruye el mundo a su manera dentro de sí.

Disforia de género


¿Cómo es vivir en el cuerpo equivocado?
En los últimos años, y cada vez con mayor frecuencia, se han publicado muchos casos de disforia de género o síndrome de Benjamín. Pero, ¿qué es este desorden?

La disforia de género es un desacuerdo o un desajuste muy profundo entre el sexo biológico y el sexo psicológico, es decir, entre el sexo con el que se nace y el que la persona siente como propio.

Se estima que padecen disforia de género una de cada 30 mil personas nacidas con genitales masculinos y una de cada 100 mil personas nacidas con genitales femeninos.

Son personas que, desde pequeños, sienten que su identidad mental no encaja con su fenotipo genital. Son hombres que se sienten atrapados en cuerpos de mujer y mujeres que se sienten encerradas en cuerpos de hombre y que necesitan ser “aceptados social y legalmente” en el género correcto para “alcanzar una vida normal”.

Cuando los individuos necesitan adaptar su fenotipo con hormonas y cirugía para hacerla coherente con su identidad de género, se denomina transexualismo, término acuñado a mitad del siglo XX.

Las causas de la disforia de género son todavía desconocidas. Existe una hipótesis que sostiene que se puede considerar al síndrome de Benjamín como una condición del desarrollo neuronal del cerebro (que comienza durante el desarrollo fetal y continúa después del nacimiento) y otra que se debe a una suma de problemas genéticos, más la educación que recibió la persona en su seno familiar y las experiencias de vida.

Se desprende de esto, entonces, que su origen es complejo y en él indicen factores por demás variables, como biológicas, psicológicas y sociológicas. Por ello, el diagnóstico que se realiza en los pacientes debe ser muy, muy cuidadoso y personal y lo mismo su tratamiento. El cual, por lo general, se caracteriza por un método hormonal, cirugías correctivas (de adecuación de sexo) y apoyo psicológico para enfrentar la situación.

Casos

Uno de los casos más famosos de disforia de género es el de la cantante adolescente alemana Kim Petras, que nació como Tim y que se convirtió en la transexual más joven del mundo, ya que se realizó operación de adecuación de sexo a la edad de 16 años. Petras, había comenzado su adecuación de género a los 12 años cuando inició un tratamiento hormonal y según aseguran sus padres, desde los dos años, ella ya había empezado a insistir que era una niña.

En una entrevista sobre su cirugía dijo: "Siempre me preguntan si me siento como mujer, pero la verdad es que siempre me he sentido como mujer, solo que terminé en el cuerpo equivocado".

En la Argentina, fueron públicos dos casos de mujeres encerradas en un cuerpo de hombre cuyas historias culminaron con un final feliz.

Así como Kim, Nati (nacido como Marcos) es una joven que luego de atravesar un largo camino lleno de conflictos judiciales, logró ajustar su sexo en el 2007, a los 17 años. Los activistas por los derechos de los homosexuales de Argentina consideran que es el primer caso de este tipo en toda América Latina.

Antes de la operación, Nati había declarado que “todo esto vale la pena, porque va a mejorar mi vida, va a cambiar mi cuerpo, no mi sexo: yo siempre fui mujer” y que “siempre noté algo que no estaba bien en mi cuerpo y a medida que fui creciendo esa sensación de sentirse en un cuerpo ajeno fue como agrandándose".

Por su parte, Alejandra Victoria pudo realizar su deseo en la adultez. Desde pequeña, su familia no aceptó su condición, como ella misma lo aseguró en una entrevista: “Siempre me trataron como varón, y yo me aburría en el autódromo o en la cancha. Entonces no se sabía lo que hoy se sabe, y los psicólogos trataban lo mío como desorden de la personalidad, hasta que un psicólogo dio con esto, pero ya de grande. Tuve que convivir con mi contradicción y es terrible luchar contra tu propia naturaleza”.

A los 47 años, Alejandra logró realizarse la cirugía para adecuar su identidad mental con su fenotipo genital. Ahora, siente que es la misma persona pero “viviendo de manera genuina” porque blanqueó “algo escondido”.

La ciencia de los besos


Besar es todo un arte, pero también tiene su propia ciencia. Se llama filematología, y las últimas investigaciones en esta disciplina revelan que intercambiar saliva nos ayuda a escoger la pareja más adecuada.

Según explicaba este fin de semana la neurocientífica Wendy Hill durante la reunión de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS), las sustancias químicas que contiene la saliva nos ayudan a evaluar a una posible pareja para decidir si es la más idónea. Además, besarnos reduce los niveles de cortisol, la hormona del estrés, y aumenta los niveles de oxitocina, siempre y cuando besemos a la persona adecuada.

Helen Fisher, profesora de antropología en la Universidad Rutger y experta mundial en la biología del amor, también ha analizado el papel del beso, y asegura que “besar es un poderoso mecanismo de adaptación” presente en más del 90% de las sociedades humanas. Sin olvidar, añade, que “los chimpancés y los bonobos se besan, los zorros se lamen sus hocicos entre sí, las aves se picotean y los elefantes ponen sus trompas en las bocas de los otros miembros de sus manadas”.

En los humanos, el beso es fundamentalmente una cuestión química, según Fisher. La saliva masculina tiene testosterona y los hombres prefieren los besos húmeros porque “inconscientemente intentan transferir testosterona para provocar el apetito sexual en las mujeres”, según la experta. Además, este tipo de besos podría ayudarles a “medir los niveles de estrógenos femeninos de su pareja, para hacerse una idea de su grado de fertilidad”.

En cuanto a las mujeres, el beso les sirve para detectar el estado del sistema inmune de su posible pareja y saber “cuánto se cuida”.

Por otra parte, la antropóloga sostiene que existen tres sistemas cerebrales diferentes que evolucionaron en el Homo sapiens para permitir el aparejamiento y la reproducción. El primero es el deseo sexual alimentado por la testosterona, tanto en hombres como en mujeres. El segundo regula el amor pasional u obsesivo y parece estar vinculado a una actividad elevada de la dopamina, un estimulante natural. El tercero, que controla el apego y permite a una pareja permanecer unida suficiente tiempo como para criar hijos, está ligado a un nivel mayor de oxitocina. El beso, probablemente, permite que se estimulen esos tres sistemas, concluye Fisher.

No hay felicidad sin dolor


Investigadores de la Universidad Estatal de San Francisco aseguran que las personas que trabajan duro para desarrollar una técnica o habilidad, como resolver un problema matemático o aprender a conducir, pueden experimentar estrés intenso durante el aprendizaje, pero a largo plazo son más felices que quienes no sufrieron. Ya lo dice el refranero: la letra con sangre entra, y quien no arriesga no gana.

Según explican Ryan Howell y sus colegas en la revista Journal of Happiness Studies, las personas implicadas en actividades que fomentan la competencia, ya sea en la escuela, en el trabajo o en el gimnasio, son menos felices durante unos momentos en los que, además, están sometidos a altos niveles de estrés. Sin embargo, una vez concluye la jornada, las habilidades adquiridas le proporcionan más felicidad y satisfacción que a otros sujetos. Los hallazgos sugieren que el proceso de volverse eficiente en algo exige “dolor” si queremos obtener bienestar a posteriori.